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| Esta columna es la comunicación del Obispo con los fieles de la Diócesis de Madison. Cualquier circulación más amplia va más allá de la intención del Obispo. |
Queridos amigos:
El domingo pasado, nuestro Santo Padre se refirió al tema preciso en el que he estado meditando la semana pasada, el hecho de que cómo el encuentro con Jesucristo afecta nuestras vidas.
Como recordarán, en mi columna previa hice referencia a nuestra misión diocesana, que es “servimos para asegurar que todos los individuos en esta diócesis de 11 condados sean amablemente invitados todos los días a encontrarse cara a cara con Jesucristo, resucitado de entre los muertos, y que sean transformados por Él”.
El Papa Francisco, en sus palabras antes del Ángelus, comenzó preguntando dónde es que se encuentra nuestro tesoro, “¿cuál es la realidad más importante para mí, la realidad que atrae mi corazón como a un magneto?”
Debe ser, dijo el Santo Padre, nuestro amor por Dios. Enfatizó la realidad de que donde está nuestro tesoro allí está nuestro corazón, pero que para recibir el verdadero tesoro, necesitamos realmente tener un corazón que desee. “Realmente es un hombre pobre, quien no tiene deseos”, dijo. Debemos tener corazones que sean guiados por el deseo, no corazones que estén muertos o “anestesiados” por todo aquello con lo que hemos llenado nuestras vidas. ¿Entonces, deseas? ¿Y estás listo para buscar aquello que verdaderamente responderá a tus deseos?


