
Esta semana estamos pasando ya la mitad del tiempo de Cuaresma. Algunos sentimos la gran gracia de este tiempo litúrgico, acompañada de una gran libertad en nuestros compromisos con el Señor. Otros nos sentimos un poco agotados y agobiados. Quizás sea hora de renovar nuestros compromisos cuaresmales de hace unas semanas.
A medida que nos acercamos al Calvario, los temas de este fin de semana nos ayudan a comprender mejor las lecturas, lo que a su vez nos da esperanza en la salvación que anhelamos. Las lecturas nos guían en nuestra preparación para la Pascua.
Una invitación al arrepentimiento
En este Quinto Domingo de Cuaresma, nuestras lecturas enfatizan que Dios nos ve en nuestra debilidad y sufrimiento y nos ofrece la salvación. Él nos invita al arrepentimiento.
Los pasajes bíblicos nos invitan a mirar el pasado, reconocer la posibilidad de un nuevo camino y experimentar la alegría en medio del dolor. También resaltan la necesidad de desprendernos de los valores mundanos, acoger la vida en Cristo, ser conscientes de nuestros propios pecados y buscar nuevos comienzos liberándonos del pasado. En la primera lectura, que nos dio el profeta Isaías, se nos recuerda que Dios nos llama a cada uno de nosotros cuando dice: “Miren, estoy haciendo algo nuevo”.
Dios nos recuerda que, al igual que quienes nos precedieron en la fe, Él abrirá un camino para todos nosotros en el desierto de nuestras propias vidas. Todos necesitamos volver a Él y buscar el camino de libertad y justicia que Él ha preparado para nosotros.Dios proveerá para nosotros en nuestra necesidad porque somos su pueblo.
En la segunda lectura, Pablo anima a los filipenses con la misma sabiduría a seguir dejando atrás el pasado y el mundo, y a buscar a Cristo, quien es nuestra esperanza y nuestra meta. Y en el Evangelio, Jesús llega al templo para enseñarle al pueblo, mientras que los escribas y fariseos le llevan a una mujer sorprendida en adulterio. Ellos querían ponerlo a prueba al preguntarle qué debían hacer con ella. Jesús, como testigo perfecto de su infinita misericordia y amor, les recuerda que todos tenemos imperfecciones y fragilidades, que todos somos pecadores: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra: (Juan 8:7). Cuando todos se marcharon, la mujer tuvo un momento de silencio con Jesús. Él perdonó sus pecados y la envió a ser la mujer para la cual fue creada.
Llamados a invitar
En el cuarto paso de nuestro camino para ser Testigos de la Esperanza, estamos llamados a invitar a la persona por la cual hemos estado orando. El reto es invitarla a un lugar donde pueda encontrar a Cristo por primera vez o de nuevo si ha estado lejos de Él y de la Iglesia. Esto nos exige orar y seguir las inspiraciones del Espíritu Santo
Cuando llegue el momento oportuno, invita a tu amigo(a), familiar o persona a dar un paso concreto para cultivar una relación personal con Jesús y la Iglesia. Esto podría significar unirse a un grupo pequeño, ir a la Misa del domingo o a alguna actividad apostólica que acerque a las personas a Dios.
El profeta Isaías, San Pablo y Cristo mismo son testigos esta semana para animarnos a invitar de nuevo a quienes necesitan arrepentimiento y gracia. Todos hemos necesitado esa invitación para volver al Señor en algún momento de nuestras vidas. Dios ha enviado a sus propios profetas y discípulos a nuestras vidas en los momentos en que más necesitábamos apoyo y aliento. Si el Espíritu Santo lo permite, siempre debes estar dispuesto a compartir tu propia historia de arrepentimiento y regreso al Señor. No tengas miedo de ser una voz de invitación y amor para alguien más esta Cuaresma, para mostrarle cómo Dios puede hacer nuevas todas las cosas para ellos también.
Sé valiente y misericordioso como Cristo lo fue con la mujer del Evangelio y sé un testigo de la esperanza para otros. Sea cual sea el lugar en el que nos encontremos en este momento del camino cuaresmal, el Señor nos llama, a nosotros y a quienes invitamos, a acompañarlo en su camino hacia la cruz y a seguirlo hasta el Calvario. Aunque sea un tiempo de sufrimiento y muerte, no muy lejos estará la gloria de su Resurrección.
